ANIBAL GONZÁLEZ y el urbanismo de Sevilla
Víctor pérez escolano
Arquitecto. Catedrático Emérito de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo de la Universidad de Sevilla
dISEÑO DEL CARTEL: José Luis Bezos Alonso, a partir de un plano del Fondo de AnÍbal González del Archivo de FIDAS
El 14 de febrero de 1913, Aníbal González publicaba en el diario El Liberal de Sevilla un artículo titulado “Estética urbana”, en el que decía que Sevilla se encontraba en una verdadera crisis de urbanización. Por eso ponía sus esperanzas, para la Sevilla por venir, en la reforma, entonces en embrión, sin duda ilusionada por el inicio del proceso representado por la Exposición Hispano Americana, cuya ordenación le había sido adjudicada dos años antes. Los principios artísticos propugnados por Camilo Sitte gozaban de una amplia difusión europea, y aunque su libro Construcción de Ciudades según principios artísticos no se editaría en castellano hasta 1926, el arquitecto sevillano lo conocía bien, y en ese artículo difundía la visión de su doctrina: “Trazados distintos, alturas variables, diferentes materiales y elementos ornamentales, huecos y macizos disimétricamente colocados, diferentes números de pisos, variable entonación de los paramentos, caprichosa elección de estilos”. Un escenario urbano radicalmente diferente de lo que había sido habitual hasta entonces.
El instrumento consolidado de los procesos en marcha era la propuesta dibujada años atrás por el arquitecto municipal José Sáez López, el Proyecto General de Reforma de 1895, ceñido al casco antiguo. Ahí están indicados los ensanches destinados, en los años siguientes, a cambiar el paisaje viario y edilicio del primer tercio del siglo XX, en el que el arquitecto sería protagonista principal. Con edificaciones de la nueva generación de arquitectos, que hoy se reconocen como regionalistas, Juan Talavera, José Espiau, José Gómez Millán, y destacando la figura de Aníbal González.
Ensanches del viario para una nueva locomoción a motor que se afianzaba, y una nueva configuración de la edificación con elevación de las rasantes, desarrollo de tipologías, ejercicios de composición formal de fachadas con escasos ensayos modernistas y dominio ecléctico, en fin, nuevas oportunidades para la alianza entre las nuevas operaciones inmobiliarias y la aparición de un nuevo carácter arquitectónico con el que se pretendía un “estilo sevillano”. Todo ello con derribos sin límite, ausentes los valores patrimoniales que habrían de llegar mucho después. Lo valioso era lo nuevo.
No se acometieron todos los escenarios previstos por Sáez López, pero sí una buena parte de ellos, a veces solo parcialmente y en otros plenamente, como en el caso de la que hoy conocemos como avenida de la Constitución. Operación que puede considerarse como ejemplo local de la apertura de grandes vías que se operó en varias ciudades españolas, Granada entre las andaluzas. En la de Sevilla, Aníbal González dejaría una importante muestra de su arquitectura, especialmente en el tramo de ensanche de la calle Génova, entre la Catedral y el Ayuntamiento. En otras también sería protagonista, definiendo el trazado y construyendo algunos edificios para los actores emergentes en esos procesos especulativos. Así los sucesivos planos para la apertura de la Campana, y los segmentos inmediatos de calles Martín Villa y Laraña, con obras diversas construidas, y alguna frustrada como el teatro Luca de Tena.
La ambición del urbanismo de entonces radicaba en objetivos dinámicos como los desarrollados por Luis Lerdo de Tejada en la publicación Sevilla Estación de Invierno y Plan de Reforma y Mejoras (1900), o la que el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco dibujó en su Proyecto de Ensanche de Sevilla y Estación Invernal (1902), formando el eje de la Avenida de la Palmera, prolongación del Paseo de las Delicias, expansión meridional, apoyada en el Parque de María Luisa, jardines palaciegos transformados en parque público por Forestier, y el sector sur de la Exposición Iberoamericana de 1929, que contó con trazados iniciales de propio paisajista francés, imposibles de llevar a término, y variantes de Aníbal González.
Las décadas iniciales del siglo XX comenzaron balbucientemente en el urbanismo de Sevilla. El Ayuntamiento, en octubre de 1904, convocó un “Concurso libre de memorias expositivas de anteproyectos de creaciones y reformas generales de extensión, urbanización, saneamiento y ornato de la Ciudad”, en el que Aníbal González fue uno de los ocho concursantes, pero quedó desierto. En julio de 1909, suscrito por una veintena de ciudadanos, se trasladó un escrito al Ayuntamiento sobre la Necesidad y conveniencia del estudio de un proyecto de Ensanche de Sevilla. De ese año es su Anteproyecto de Reforma Interior y Ensanche de Sevilla. Base del documento que firmó y editó en 1912 su cliente y amigo Miguel Sánchez-Dalp, Memoria del plan general de urbanización de los alrededores de Sevilla y de prolongación y ensanche de algunas de sus calles, acoplado al nuevo Puerto de Alfonso XIII. Su trazado integra el ensanche, de expansión sur, de Triana hasta el meandro de Gordales, y su conexión por puente al área de Tablada, segregada por el trazado del puerto nuevo. Los Remedios S. A. sería la empresa que operaría el ensanche de Triana según trazas de 1924 del arquitecto Secundino Zuazo, que no fructificó en lo substancial, seguido después del de Fernando García Mercadal. Reduciéndose los valores originarios, y más aún en su construcción posterior.
Sí se ejecutó el trazado básico en 1911 por Aníbal González para ordenar la expansión al E, en el Cortijo Maestrescuela, origen del barrio de Nervión, con el eje de la Avenida Eduardo Dato a la Gran Plaza, donde desembocaban las de la Cruz del Campo y la de la Ciudad Jardín, por la operación de vivienda social al amparo de la nueva legislación de 1925. Semejante, solo en magnitud, a Heliópolis, operación que cerraba los límites meridionales de la Exposición Iberoamericana.
De diversa escala fueron otras parcelaciones suyas, como la Huerta de los Granados, hacia 1917, en el sector de Santa Justa. Hacia 1919 realiza, para Hilario del Camino, el proyecto de urbanización del cortijo de Tablada. Pero, antes y después de 1922, sendas ampliaciones del barrio de San Sebastián, el Porvenir, inmediato a la exposición, pero también a complejos industriales en los que así mismo interviene, como las centrales de la Compañía Sevillana de Electricidad o la Catalana de Gas.
La localización de grupos de casas baratas que proyecta, señaló ciertas vías de crecimiento, como la avenida de Ramón y Cajal, hacia el Cerro del Águila, destinada a acoger, antes el nuevo Matadero Municipal, del citado Sáez López, después una de las grandes industrias de la Sevilla del siglo XX, HYTASA.
Al final de su vida, tras la crisis que le dejó fuera de la dirección de la Exposición Iberoamericana, en plena ejecución de la Plaza de España, el más importante proyecto de su vida, encara otro proyecto urbano singular en la Huerta del Rey. La Basílica de la Inmaculada Milagrosa, agrupada con un complejo para los padres jesuitas: Casa de Ejercicios y Centro Docente Porta-Coeli y Residencia de la comunidad. La muerte le llegaría con la basílica en sus basamentos, y el complejo jesuita sin desarrollar que finalmente, con otro proyecto, se orientaría años después hacia la avenida de Eduardo Dato.
En el primer tercio del siglo XX, el arquitecto Aníbal González participó del complejo proceso político, social y económico de España. Y Sevilla sufrió intensamente sus contradicciones. La dependencia entre urbanismo y arquitectura de su coyuntura histórica se manifestó crudamente en sus ideas, propuestas y obras.
La Dictadura del General Primo de Rivera, con un propósito regulador, promulgó el Estatuto Municipal y su Reglamento de Obras, Servicios y Bienes Municipales, que condujo a numerosos planes de ciudades españolas, en muchos casos convocados por concurso. Así el de Sevilla de 1929. Su frustración formaría parte de un capítulo hacia nuevos y ambiciosos propósitos, como las propuestas del GATCPAC para Barcelona. Y que, para Sevilla, a título personal, imaginó Gabriel Lupiáñez como “ciudad funcional” en su expansión y conexión con Itálica, publicada como encarte en Hojas de Poesía de 1935. Un sueño moderno y republicano.
